domingo, 1 de mayo de 2011

De la muerte de las ideologías





Con ánimo de evadir la realidad me dispuse a ver una película, que en principio ignoré, pero tras una negociación, acepté para pasar la noche del sábado. La culpa es de Fidel (20006), opera prima de Julie Gravas (hija del maestro Costa Gravas), guión inspirado en una novela autobiográfica de Domitila Calamai.

El mundo visto con la mirada infantil, tema recurrente del cine que me evoca desde Los cuatrocientos golpes (1959) hasta Cinema Paradiso (1988) o Adiós a los niños (1987). Una película brillante, pero que llama de manera especial mi atención por motivos más allá de los cinematográficos. Es la historia de una niña de 9 años, ubicada en la época de la dictadura de Franco en España y la llegada al poder de Salvador Allende en Chile (año de 1970), que experimenta y sufre el conflicto ideológico de una Francia conservadora y unos padres activistas de izquierda.

Decía que la historia me atrae más allá de los motivos cinematográficos. Me llama la atención que en un momento histórico, que ubico en este siglo XXI, donde varios pensadores han sentenciado la muerte de las ideologías alguien retome el tema. Coincide que estaba volviendo a leer Karl Marx de Isaiah Berlin (1939), libro que me cautivó en mi época universitaria. También coincide que paso por un momento de reflexión donde empiezo a cuestionarme los “faltantes” en la lectura de la sociedad contemporánea que mi héroe, Gilles Lipovetsky , hace en su obra.

Explico esta maraña de ideas. Me llama poderosamente la atención una película donde el tema central y el hilo conductor es el conflicto ideológico, en un momento histórico donde el aparente conflicto izquierda-derecha parece haber tenido una inexplicable reconciliación; donde hablar de marxismo, materialismo histórico o lucha de clases es obsoleto o incomprensible para las nuevas generaciones. Donde el sistema predominante (llámese capitalismo, neoliberalismo o mundo globalizado) parece ser la única opción y que es objeto de lectura para Lipovestsky. Momento histórico donde “eso que llamamos Democracia” es un aspiración incuestionable que ,conociendo sus deficiencias, parece no tener rival ideológico viable.

Momento histórico, en nuestro país, donde los políticos cambian sin dificultad alguna de la izquierda a la derecha, donde las alianzas izquierda-derecha son bienvenidas. Donde la política parece ser en fondo una lucha no ideológica, si de proyectos personales. Momento de nuestra sociedad donde la contracultura y los movimientos contestataraios tienen un lugar (y son apoyados) por el propio sistema.

Finalmente me pregunto ¿Qué hemos perdido con la “muerte de las ideologías”? Entre muchas cosas, creo que hemos perdido la posibilidad de construir un modelo de nación con bases firmes y resultado de un “debate de altura” . Parece paradoja, pero se ha extraviado la oportunidad de construir la pluralidad.

En fin, demasiada reflexión para un sábado en la noche destinado a evadir la realidad. Les recomiendo la peli y ojalá nos sufran la misma desilusión de la protagonista a descubrir que Santa Claus no era el único barbón-rojo.


Trailer en YouTube


Rubens

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